A Sento Masià: La paz del laberinto.

*

Te ví por primera vez al final de la escalera.

Acuático y descalzo. Forjando el Caos.

Nadando un mar diverso de escarpados archipiélagos:

Carretilla de carpetas, cuadernos, clavos,

Un taladro, la muñeca, latas, aparejos,

Cuencos de colores, humo errante de la estufa,

Tela en rollos y maderas, ceniceros,

Cristales de vidriera, la pipa, los sombreros,

La ventana abierta, el nido de tus pájaros,

Las tres temperaturas, un ramillete de brochas, engranajes, cuerdas, cajas…

Difícil inventario que ahora ensayo,

Cien oficios en ovillo, un tinglado

Por el que tu sombra, diestra,

Practica una aprendida danza.

 

**

Por un momento te alejas,

Tiñes de rojo el agua transitoria,

Sangre y vino.

El aire desde tu frente, trae aromas

De Grecia, sí de Grecia

Y el eco azul, lejano y claro

Del primer rey de aquel Olimpo,

Tanto dios como demonio,

Tan repleto, tan vacío.

Así me explicas que ahora empiezas,

Que es tu oficio hacer milagros…

 

* * *

Te vi después, frente a la puerta

Comiendo voraz tú misma sombra,

Borrando de colores una idea,

Dibujando lechos imposibles

De afiladas escaleras,

Amontonando pubis extenuados.

¡Cuánto placer derramaron

Esos cuerpos descarnados!

Cuanta ley, cuanta amenaza esquivaron

Esos trazos sin descanso!

 

* * * *

Memoria y presagio.

El agua vuelve al agua

Teñida o pura

Mostrando el camino,

Volviendo a cero

Con la mágica sapiencia

De la duda.

E. IRIARTE

Octubre 91

 

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